Cada vez que salía a la calle, la música que sonaba en los auriculares, marcaba el ritmo con el que Julio caminaba. El andar de sus piernas era acompañado por la ejecución de algún instrumento imaginario. La mayoría de las veces elegía la guitarra ya que resultaba más cómoda para caminar, sin embargo, cuando la decisión de viajar en colectivo coincidía con la de escuchar alguna banda subida de tono, el instrumento más propicio era la batería. De todas formas la guitarra le sentaba bien en cualquier lugar, tenía la idea de que eso sumado a la mirada de músico inspirado, podía causar una sensación más que positiva en los ojos de las chicas que cruzaba en su intenso camino hacia quién sabe dónde. Había probado cantar un par de veces pero parecía no ser lo suyo, comprendió esa triste verdad una noche que volvía del trabajo, cuando en medio de una interpretación intensa de una de sus canciones favoritas, el walkman se quedó sin pilas y la voz se expuso un poco más allá de los oídos de la señora que se reía delante de él.
Más de una vez Julio le contó a los amigos que sus caminatas de ida y vuelta al trabajo eran su terapia, que no sólo le servían para pensar, o para evadirse. También sostenía que ese era su único ejercicio, ya que se la pasaba detrás de una computadora todo el santo día, aunque los más cercanos a él sabían muy bien que la verdadera historia contaba que a Julio nunca le gustó el gimnasio ni tampoco nada que tuviera que ver con la imagen. Su respuesta más concreta para responder a la pregunta ¿Cuándo vas a hacer algo con tu cuerpo? Si entreno, entreno mi cabeza. Julio se jactaba de ser un intelectual, un dueño de la inquietud de crecer y aprender cosas nuevas todo el tiempo. Su fanatismo por el estudio lo llevo a aprender todo tipo de cosas, escritura, pintura, como armar aviones de aeromodelismo, de todo menos su gran pasión. La música.
Durante los que para él eran extensos treinta y dos años jamás se había atrevido a tocar ningún instrumento. En la casa de su abuela había un piano pero ni bien pudo se deshizo de el. Según su psicólogo, la razón por la cual se negaba a querer aprender lo que más le gustaba era por miedo a fracasar en esa disciplina. Julio intentaba tapar aquella frustración con la mentira de que en realidad él disfrutaba la música con sólo escucharla y que ya había grandes interpretes y compositores a los que nunca podría alcanzar. Así que se conformaba con todo lo demás pero el sabía que nada de eso le causaba ni la mitad de fascinación que la música.
Cada día Julio se creía más eso de que la palabra músico no iba con él hasta que una noche, mientras volvía para su casa, se dio cuenta de que la guitarra que tocaba ya no era imaginaria. Tardó unos metros en comprender que estaba más que posesionado con la canción, fue justo en el momento en que el estribillo se pegaba con un pequeño pero difícil solo de guitarra. Esa vez en lugar de seguir su marcha, se detuvo sobre el capot de un auto estacionado, cerro los ojos y ejecutó las notas de la misma manera que el guitarrista de ese disco. El tema termino y Julio abrió los ojos para entrar en shock. Frente a su hipotético escenario había una pareja que aplaudía, un policía y el sorprendido dueño del auto que él acaba de abollar con un salto al mejor estilo rock star.
Su primer sensación fue la de no saber qué pasaba, qué hacía el sobre un auto y lo que es peor, no tenía la menor idea de dónde había salido esa guitarra. Lo que para Julio debería haber sido prioridad tuvo que permanecer en segundo plano. En ese momento sólo le quedaba concentrarse para salir de ese problema lo antes posible, para después sí, averiguar de dónde había salido esa guitarra. Primero lo primero dijo, respiro, se bajo del auto y se dirigió al oficial y la víctima. Intentó calmarse, puso cara de piedra, explicó todo con total naturalidad y lo que sería peor para él, sin mentiras. Los minutos siguientes fueron testigos de cómo se llevaban a Julio en un patrullero para contar lo que nadie creyó minutos atrás. Todo empeoraba a medida que pasaba el tiempo. Al llegar a la seccional, el policía que lo llevaba le dio la orden de que se sacara la guitarra, no la podía tener ahí. Julio lo intentó pero el resultado no le gustó nada a quien debajo de su placa tenía escrito en una chapita gris “Cabo Gerardo Gutierrez”. A ver ¿Sabe lo qué hacemos acá con todos los que se quieren hacer los vivos? Al escuchar esas palabras se sumaron unos cuantos policías más con la pregunta ¿Quién se está haciendo el vivo acá? Cachiporra en mano, Gutierrez volvió a increpar a Julio. Le voy a dar la última oportunidad antes de que lo tengan que operar de esa guitarra. El color de la cara de Julio cambio de un blanco pálido a un transparente miedo cuando vio que la guitarra parecía formar parte de su cuerpo. Cada vez que tiraba de ella en dirección opuesta a su cuerpo sentía como si le tiraran de la piel. Tres fueron los intentos que desembocaron en la desesperación encarnada en el grito de “No puedo”. Sin el tacto que nunca tuvo, ni la paciencia perdida, el cabo Gutierrez intentó quitársela, pero el resultado fue una fuerte descarga eléctrica que termino por tirarlo a unos metros del pobre Julio. Así que tenías más sorpresas, está bien, yo también tengo muchas sorpresas. Muchachos, el señor queda incomunicado por boludo, enciérrenlo y si quiere comer se lo va a tener que ganar, así que más le vale que no pare de tocar ni un minuto. Quería tocar, bueno, ahora va a tocar hasta que no quiera volver a ver una guitarra en su vida.
Julio toco toda la noche y la mañana siguiente que se prolongó hasta la tarde y siguió por la noche siguiente hasta terminar por enloquecer a los policías. Interpreto todo tipo de canciones, se puso al día con las ganas de ser músico, y lo más increíble, empezó a disfrutar en el lugar donde, por lo general, nadie disfruta. Tuvieron que pasar dos días de ese interminable solo de guitarra para que, enloquecido, el cabo Gutierrez le pidiera ayuda fuera de la seccional. El caso no tardo en divulgarse por diferentes ámbitos, nadie quería hacerse cargo por miedo a enloquecer como los policías de aquella comisaría. Al sexto día de música estridente dos hombres de traje le dieron alivio a los oídos del cabo Gutierrez y a los de sus compañeros. El nosotros nos hacemos cargo de el, tenemos donde llevarlo, fue lo más lindo que escucharon en seis largos días.
Ya sin tocar, Julio se encontraba sentado en un cuarto sin ventanas cuando estos hombres de traje aparecieron para comunicarle los planes que tenían para él. Tenemos el mejor lugar para que vivas de ahora en más, lo único que vas a tener que hacer es tocar la guitarra y crear tu música, ya no vas a tener que preocuparte por trabajar ni nada. Me olvidaba, ya no vas a tener que dar explicaciones de por qué no podés sacarte esa guitarra del cuerpo ¿Qué decís? Necesito saber muchas cosas antes de ir a algún lugar, es más, yo no quiero dejar mi vida ¿Por qué tendría que hacerlo? ¿Sólo porque ustedes quieren? ¿Por qué no puedo explicar de donde carajo salió esta guitarra? Pensalo bien Julio ¿A donde vas a ir con una guitarra incrustada en el cuerpo? Te repito, necesito saber todo…
La reunión que empezó a la tarde terminó con el cambio de guardia al otro día. Julio salió con los dos hombres de traje en las primeras luces de la mañana.
La tarde de ese mismo día los vio tomar un auto para dirigirse con un rumbo que sólo conocían las personas que viajaban en ese vehículo. La forma en que el acompañante del conductor se acomodaba, hacía que Julio presagiara un largo y duro viaje. Era un auto confortable: tenía el espacio suficiente para acomodar bien las piernas y asientos más que cómodos, tenía vidrios polarizados y potentes luces para viajar de noche. Julio intento relajarse y descansar ya que hacía varios días que no hacerlo, pero la incomodidad que le causaba la guitarra sumada a la impaciencia por llegar a ese destino que los hombres de traje le habían hablado, no se lo permitía. Las horas siguieron los pasos del viaje y el cansancio por fin le ganó a la confusa mente de Julio. Sus ojos se abrieron para dejarse sorprender por un camino que surcaba a un oscuro bosque que no dejaba ver el horizonte y mucho menos el cerro al que se acercaban con rapidez. El choque parecía inminente, y a medida que se acercaban a lo que le parecía el fin de la historia, Julio se alteraba más. A pocos metros del impacto, comenzó a gritar y a intentar pasar a la parte delantera para tomar el volante, pero la guitarra se lo impedía. Sólo alcanzo a ver que el conductor y su compañero parecían estar dormidos. La desesperación fue total, por todos los medios intentó saltar, romper las ventanas, abrir las puertas hasta que sin querer tocó con el mango de la guitarra un cable que estaba, junto a los cinturones de seguridad. Entonces los dos hombres de traje despertaron de manera brusca para darse cuenta de la situación. Hagan algo, por favor, no ven que vamos a chocar. Tranquilo ¿Para eso nos desconectaste? El auto sabe bien el camino. ¿Me están cargando? Tranquilo, disfrutá que esto es espectacular. El auto llegó hasta el mismo lugar físico donde se encuentra el cerro, pero no hubo ningún choque, tampoco hubo final de la historia, los dos hombres de traje no podían dejar de reírse y Julio blanco del miedo no lograba entender que pasaba.
La ruta era increíble: los costados tenían una línea de fuego, los alrededores estaban iluminados por antorchas gigantes que salían de inmensas cascadas. El resto parecía ser una ruta internada en una noche que amenazaba con desatar una cruel tormenta, pero que nunca lo hacía. Tardaron cuatro horas en atravesar ese camino. Al salir, el cielo indicaba que la noche estaba cerca. Las potentes luces del auto iluminaban todo lo que estaba por delante, a los costados una inmensa luna le daba una claridad poco usual a todo el lugar. La ruta bordeaba los cerros en forma ascendente, y tenía peligrosas curvas que lindaban con un precipicio que parecía no tener fin. Poco a poco Julio comenzaba a disfrutar ese viaje como ningún otro. Conmovido por el paisaje pedía parar a cada rato, pero los hombres de traje no le hacían caso. Espera, ya vas a ver lo que es un buen paisaje. Una hora más tarde el auto se detuvo en una curva que estaba a unos seis mil metros de altura, para que Julio se encontrará con la vista más espectacular de todo el viaje. Estuvieron detenidos unas dos horas, Julio permanecía sentado en una roca muy cercana al borde del precipicio. Por primera vez no sentía miedo: no está nada mal morir en un lugar así, se dijo para retornar a la paz que le causaba el silencio de la noche. A Julio le fascinaba viajar y encontrar lugares como este, paisajes que capturaran todos sus pensamientos para dejarlos a un lado durante un tiempo. Disfrutar de su mente en blanco era algo que él deseaba a menudo en su cercana vida anterior y esta vez no fue diferente. Descansó, cargó energías y comenzó a gastarlas con preguntas como ¿A dónde se fueron estos dos? Julio estaba abandonado en el medio de la nada, donde el paisaje pasó de ser hermoso a ser la representación de una inmensa desesperación. Todas las posibilidades que aparecían eran iguales: si se quedaba quieto sentía que corría peligro, ya que no sabía nada del lugar, pero si se dirigía hacía algún lugar corría el mismo peligro. Primero buscó calmarse para después decidir, sin mucho éxito se sentó en el mismo lugar que lo había hecho antes, pero la angustia sirvió como un resorte para saltar al medio del camino. Y así fue como perdido en el medio de la nada evoco las palabras del abuelo. Cuando todo lo que veas a tu alrededor sea oscuro, no te quedará otra posibilidad que caminar. Así fue que Julio comenzó a moverse. A diez minutos de haber comenzado el recorrido fue interceptado por un hombre de pelo largo y ropa de cuero. Montado en una imponente moto y al grito de alto, captó la atención de un temeroso Julio. Hola, me dicen Flecha y vine por vos para llevarte a la Cuesta. Esta parte del plan nadie me la había comentado. Ellos nunca llegan hasta el pueblo, nadie tiene que saber cual es la ruta, la gente normal nunca podría comprenderlo. Pero si atravesamos el cerro, ahí ya nadie nos puede seguir el rastro, dijo Julio. Eso es sólo un atajo y un paso previo para conocer un lugar increíble, pero esta ruta también es transitada por la gente común que se dirige a las distintas localidades del norte, pero eso no importa, tengo frío, por favor ponete mí casco que tenemos un largo trecho por delante. Pronto la máquina se volvió parte del viento y los pelos de Flecha se unieron a la cara de Julio. Les tomo el resto de la noche viajar por esa inmensa belleza hasta que llegaron junto con el amanecer, al lugar que vio a Julio sorprendido como nunca lo había imaginado. Parecía un pueblo detenido en el tiempo: calles empedradas con blancas casas que tenían grandes faroles en los umbrales. Las humildes construcciones trepaban las paredes de un gran cerro que era dueño de una cantidad de colores que contrastaban con interminable blanco que se multiplicaba por todas las calles.
Flecha siguió por un camino ascendente rumbo a la cima del pequeño cerro. Al fin llegaron a la última edificación del pueblo, no era blanca ni humilde. En la gran puerta los esperaba un hombre de color, de estatura mediana con pelo y barba gris. Al llegar, Flecha apagó la moto y lo saludo con sumo respeto. Hice lo más rápido que pude, señor Vilca. No te preocupes, Flecha lo importante que Julio ya está entre nosotros ¿Cómo le fue en el viaje, Julio? ¿Lo trataron bien? Le contaron todo ¿no? Sí, tuvimos una charla previa al viaje, me contaron que era la Cuesta, quienes viven acá y sobre todo quién es usted. Pero todavía no te dijeron nada sobre cómo será tu vida en este lugar. Julio y el señor Vilca hablaron durante todo el día hasta que llegó la noche y Julio fue presentado en sociedad. Fue en la plaza del pueblo donde el nuevo músico se sorprendió con el público que se encontró. Todos los habitantes de la Cuesta tenían el mismo problema que Julio, un objeto particular adherido a sus cuerpos. El silencio se adueñó del lugar, el público estaba a la expectativa de escuchar a Julio y Julio no sabía como salir de su asombro. El señor Vilca le hacía señas para que dijera unas palabras, Julio no reaccionaba. El señor Vilca insistió, pero sin ningún resultado, no le quedó otra posibilidad que subir a salvar la situación. No bastó más que un par de palabras para Julio comenzara a tocar una de las más lindas melodías que jamás se escuchó en la Cuesta. Había pasado poco tiempo de la interpretación pero fue suficiente como para romper la frialdad de un público que lo ovacionó.
Después de la extraña presentación Julio concurrió al coctel que el señor Vilca organizó para darle la bienvenida. Allí Julio tuvo la oportunidad de conocer a varios de los celebres habitantes de la Cuesta. Al principio buscó protección en Flecha, pero no le sirvió demasiado ya que el señor Vilca no dejaba entrar a Flecha porque sostenía que la moto arruinaba el cesped del jardín. Luego de utilizar la timidez para eludir el odioso momento de las presentaciones, Julio no tuvo otra alternativa que comenzar a someterse al saludo de una infinidad de personas que no conocía. Cuando finalizó la tediosa ceremonia, el señor Vilca llevó a Julio a conocer el lugar donde los distintos artistas se juntan para realizar lo que llaman “la obra de la Cuesta”. A partir de ese momento, la misión de Julio sería componer temas que tuvieran que ver con la vida del lugar, lo que se conocería como un juglar moderno. A cambio de su trabajo, Julio recibiría las mayores comodidades, aunque la gente de la Cuesta vivía más que cómoda.
La casa del I.C.E.P “Instituto de Cultura en Progreso”, era el nuevo establecimiento en el que Julio iba a trabajar. Era blanca y tenía grandes ventanales que dejaban ver los distintos espacios donde los artistas creaban sus obras . En el interior las paredes, los pisos y los techos eran de madera clara y la luminosidad de los ambientes le daba al lugar mucha calidez. Por ultimo el señor Vilca le mostró a Julio la habitación donde iba a realizar sus tareas. Luego lo dejo solo para que se familiarizará con el lugar. Tranquilo, Julio caminó un rato, miraba las paredes vacías, mientras sus ojos recorrían la pared hasta quedarse quietos en la puerta, justo donde la imagen de una hermosa chica se dejaba conocer. Se observaron, se analizaron, se dieron cuenta que pasarían mucho tiempo juntos. Julio llevó a sus ojos cada detalle: pasó por su cara, el pelo, la boca, el cuerpo, sus manos. Su mano que no tenía ni uno, ni dos, ni siquiera tres, si no ocho pinceles. Luego de un pronunciado silencio, ella entro en la habitación. Hola, me llamo Camila. Julio, encantado. Debes estar cansado de saludar gente. Sí la verdad que sí. Entonces hablamos otro día. No, no te preocupes, está bien, es que todo es muy nuevo para mi. Mirá, yo trabajo en la habitación de acá al lado. Bueno gracias, lo voy a tener en cuenta.
Charlaron el resto del día y los días siguientes. Camila le mostró distintos lugares de la Cuesta en los que Julio encontró la magia que jamás hubiera podido encontrar si quienes lo hubieran llevado a esos lugares hubiesen sido Flecha o el señor Vilca. Este encuentro hizo que la adaptación de Julio a su nueva vida fuera más fácil de lo imaginado.
A la semana, Julio le dio una carta a Flecha, para que la llevará al correo del pueblo más cercano. La carta estaba dirigida a sus padres y a una novia, allí les informaba su nueva vida. ¿Eso quiere decir que te quedás a vivir con nosotros, Julio? Sí, creo que por primera vez me siento a gusto en un lugar.
Poco a poco, Julio encontró en la Cuesta su ritmo de vida, sus nuevas costumbres. Descubrió que le gustaba más trabajar de noche, no sólo porque le salían mejores canciones, si no porque además eso le permitía pasar más tiempo con Camila. Lo que al principio eran unas horas que compartidas se había transformado en tardes enteras juntos. Ni bien ella terminaba de pintar, le mostraba lo que hacía a Julio y luego se iban a los cerros: caminaban durante horas, jugaban como chicos, corrían se perseguían. También tenían muchas charlas donde se contaban desde las cosas más insignificantes hasta los grandes proyectos y soñaban con trabajar juntos. El pensaba que esos sueños iban a morir en palabras pero ella no. Un día le comentó que tenía una idea y necesitaría de su ayuda, Julio le preguntaba de que se trataba pero ella decía que con el tiempo se enteraría. Julio creía que ella deseaba que le pusiera música a sus pinturas, pero no. Un día, luego de trabajar, Julio acompaño a Camila al cerro para escuchar como ella le comentaba su deseo de pintarlo desnudo. Nunca lo hice y creo que vos sos la persona indicada. Estás loca, yo no me desnudo, me da vergüenza. Así estuvieron una hora hasta que por fin Camila logró su cometido. Al día siguiente Julio posaba desnudo ante los ojos de Camila. Ella pudo ver el todo cuerpo de Julio salvo las partes íntimas que estaban tapadas por la guitarra que no quería subirse un poco más. Camila intento acercar sus manos a la guitarra pero Julio, luego de recordar lo que le había ocurrido al cabo Gutierrez, la alejo con un grito de advertencia que ella le sonó a reto. Disculpá, si no queres no voy a forzarte, pero no quería que te enojes o te sientas incomodo; nos podemos olvidar de esta idea, o dejarla para más adelante. No, no me enoje ni me siento incomodo, pasa que la única persona que intentó mover la guitarra, tuvo que soportar una descarga eléctrica bastante fuerte ¿Era por eso? Bueno pero porque te tapás entonces. Yo no lo hago, juro que por lo general, la guitarra esta sobre la cintura, inclusive por las noche cuando quiero dormir boca abajo puedo ponerla sobre mi espalda; te juro que no se lo que pasa ahora pero no se quiere mover. Debe ser por la relación que cada uno de nosotros tiene que en objeto que llevamos en el cuerpo, vos debes querer pero tu inconsciente no, por eso la guitarra no se mueve ¿De que me hablás? Nada ¿a vos no te explicó el señor Vilca? Si me explicó que todavía no habían podido descubrir como sucede esto, pero si me contó que si sabían que los objetos provienen de nuestro interior y que tienen que ver con nuestros deseos más íntimos. Siempre me pregunte que le habría dicho el señor Vilca a cada persona que llega a la Cuesta, pero por lo visto a vos te dijo lo mismo que a mi. Luego de hablar sobre el tema un rato más, ambos se quedaron en silencio, Julio se vistió mientras Camila guardaba las pinturas, parecía que cada uno estaba en su mundo, sin embargo estaban unidos por la curiosidad de saber cómo se comportaría la guitarra en los momentos de mayor intimidad. Momentos que no tardarían en llegar.
A pesar de que le dedicaba mucho tiempo a su romance con Camila, Julio se hacía el resto del tiempo para componer canciones. Trabajaba libre, con la mente puesta en descubrir su estilo. Así fue que compuso cinco canciones, la sexta llegó a los oídos del señor Vilca antes de lo que Julio pensaba. Noto que está trabajando Julio, no se preocupe, no se quiero interrumpirlo, sólo venía a comentarle que a fin de mes se va a hacer la exposición anual de la Cuesta y los organizadores lo invitaron para que haga el show de cierre; además me gustaría hacerle un pedido personal, ya que es el cumpleaños de mi esposa y me gustaría regalarle una canción suya. Mire señor, la verdad es que no se si estoy preparado para exhibir mi música ¿Pero si tocó el otro día, y además estuvo seis días seguidos en la comisaría? Pasa que eso era diferente señor Vilca, ahí no sabía que tocaba, sólo tocaba, eran notas sin ningún contenido ¿Se da cuenta por qué esto es diferente? Está bien Julio, yo lo entiendo pero alguna vez tiene que largar además pensá una cosa… Por algo te trajimos. El señor Vilca se fue por la puerta luego de dejar un saludo que no tuvo respuesta en la voz de Julio.
El mes comenzó a pasar más rápido de lo que pasaban los días para Julio en la Cuesta. Con la intención de concentrarse más en sus canciones le pidió a Camila que se vieran menos. De esa forma tendría más tiempo para componer. Así fue cómo los paseos por el cerro se vieron postergados hasta el fin de la muestra.
La primer semana, Julio se encerró desde las primeras horas del día horas entrada la noche. La segunda entró a su estudio para no volver a salir. Tocaba escribía borraba y volvía a tocar, buscaba melodías durante unos minutos y el resto del tiempo se concentraba pero no lograba tocar nada bueno. Tardó ocho horas en sacar las primeras melodías de una canción que no lo hacía nada feliz. Fueron días tediosos que lo hacían recordar a su vida anterior. Recordaba aquellas actividades rutinarias, el regreso a casa para encontrarse con una familia que sólo compartía el televisor y una novia poco tolerante. Por un momento se detuvo en un pensamiento que terminó por arrancarle la primer sonrisa en varios días: ¿Qué pensaría mi ex novia si me viera con una guitarra pegada al cuerpo y haciendo lo que en realidad me gusta? Seguro que se muere del asco. Ese pensamiento le abrió la puerta a otro y a otro más y así fue como llegó a componer la primer canción que en verdad logró emocionarlo. Al día siguiente Julio recordó las palabras del Señor Vilca. Fue así como se inspiro en la vida de distintas personas de la Cuesta. Hubo canciones para: Flecha, el señor Vilca y como no podía ser de otra manera, para Camila. Luego Julio compuso la canción que el señor Vilca le había pedido para dedicarle a su mujer.
Le quedaban varios días, tenía el tiempo suficiente para poder ensayar bien los temas, no quería cometer ni el más mínimo error.
La incertidumbre crecía en el cuerpo de Julio porque de no podía imaginar la reacción de la gente ante su música. Eso le generaba un estado de intranquilidad que lo llevaba a sentirse más inseguro que nunca. Camila, la única persona que había escuchado los temas, le decía que sin dudas su actuación sería un éxito, pero él no estaba seguro de la objetividad de Camila para juzgarlo.
La noche paso de la mano con el día y a Julio se le acabó el tiempo de espera. La Cuesta entera estaba congregada en el auditorio principal para escuchar por primera vez lo que esperaban hacía mucho tiempo. Los temas del nuevo músico.
Las luces se apagaron y Julio comenzó a saber lo que era el éxito. Al fin se había convertido en una estrella. Tocó todos los temas, cumplió con el señor Vilca y su esposa, homenajeó a flecha y emocionó a todas las mujeres que lloraron ante la romántica presentación del tema “Camila”. Las luces se apagaron y los ojos de Julio permanecieron encendidos.
La noche terminó con un festejo de a dos. Una gran luna se mezclaba entre miles de estrellas que no lograban entrar en el reflejo de copas rebosantes de champagne. Julio y Camila brindaron, se rieron, se miraron y la guitarra ya no tapó partes más intimas. Se besaron, las manos de Camila recorrieron a Julio y Julio tocó Escalera al cielo por primera vez. Se unieron más que nunca para terminar en lo que después llamaron: un intenso Rock and Roll.
Los días posteriores a la presentación fueron los más felices para Julio. Sus canciones estaban en boca de todos, protagonizaba un romance de novela con Camila y estaba por firmar el contrato que el señor Vilca le había llevado para grabar su primer disco. Inclusive va a ser reconocido en todo el país, Julio, los hombres de traje tienen influencias en distintas multinacionales que de seguro querrán firmar un contrato con usted ¿Pero qué hacen para tener tantas influencias? Además de rastrear a los futuros habitantes, son quienes representan y venden todo el arte que hacemos acá. Hay varios casos que tuvieron mucho éxito en todo el mundo de hecho son parte de los principales recursos que ingresan en la Cuesta ¿Algún día va a contarme como se genera todo esto? ¿De dónde salen todas estas cosas del cuerpo? ¿Cómo puede ser qué un instrumento como una guitarra sea parte de mi? Mire Julio, no tengo esa respuesta, lo único que puedo decirle es que es algo que está en su cuerpo, que siempre estuvo, son deseos materializados, algunos lo sacan a la luz y otros lo reprimen, también están las personas como usted, a las que el objeto se le aparece cuando el inconsciente decide dejarlo libre sin ninguna razón ¿Y si quiero deshacerme de él? Fácil, si alguna vez no quiere cargar más con esa guitarra, yo me ocuparé de que no forme más parte de su cuerpo, aunque dudo que quiera ¿O no? No ¿Señor Vilca, puedo hacerle una ultima pregunta? Por supuesto ¿Usted qué tiene pegado al cuerpo? Conocimiento Julio, conocimiento, bueno cambiando de tema, usted piense bien la propuesta así trabajamos lo más rápido posible, ya veo que sus discos se venderán en los lugares más importantes del mundo, bueno se me hace tarde tengo que irme. Señor Vilca, no hay nada que pensar, quiero grabar ese disco. Entonces así se hará.
El día posterior al cierre de la exposición Julio había decidido tomarse unas semanas de vacaciones, pero la propuesta del señor Vilca hizo que su impaciencia trabajara hasta convencerlo de que tenía que poner manos a la obra. En principio su idea era crear cuatro canciones más, cuando estaba dispuesto a componer la primera llegó Flecha con una carta. Observó el sobre durante un rato, después la dejó sobre la mesa y siguió con sus tareas. El sobre permaneció en el mismo lugar hasta que un día después de varios meses Camila le preguntó porqué no quería abrirlo.
Tomaron la carta y salieron en dirección al cerro. Julio caminó todo el trayecto en silencio mientras Camila hablaba de los planes que tenía para pintar sin la menor sospecha de que en Julio, algo no andaba bien. Se sentaron ante la misma vista de siempre y por fin Julio abrió el sobre.
Flecha estaba en la puerta del I.C.E.P a la espera de que Julio termine de despedirse de Camila, que todavía no se resignaba a creer lo que sucedía. Julio se iba de la Cuesta ya sin la guitarra en su cuerpo sin promesas de volver, su ex novia lo esperaba con una contextura física muy diferente a la que tenía siete meses atrás.
Flecha tomo el mismo camino de ida, pero esta vez no esperaron a los hombres de traje para dejar a Julio en la puerta de su anterior casa. A lo largo del camino Flecha le decía que no se preocupara, que la guitarra estaría guardada esperándolo, y que no tenía la menor duda de que algún día volvería al menos para que su hijo conociera el lugar donde su padre alguna vez había sido feliz.
Flecha estacionó y Julio caminó sin mirar atrás. Cuando volvió a salir de su casa, la moto ya se dirigía rumbo a un lugar desconocido para la gente de la ciudad.
Julio no se explicaba por que había sucedido eso en su vida, cuando pasaba por el mejor momento de su vida le había llegado una noticia por la cual no sabía si alegrarse o entristecerse. Calculo que mi hijo no tiene la culpa de lo que pasa, de que no me haya quedado más remedio que volver luego de renunciar a las dos cosas que más ame. Seguro lo vas a amar más que nada en el mundo, como nosotros te amamos a vos, hijo.
Por esos días de confusión era un lugar común en los sentimientos de Julio. Se encontraba donde menos quería estar y a la espera de un hijo que pronto nacería de la mujer equivocada.
Los encuentros con la futura madre eran efímeros: Julio la acompañaba a los médicos y luego escuchaba los clásicos sermones que tanto detestaba. Ella le reprochaba su alejamiento, sus misterios y él cerraba los ojos para recordar su vida en la Cuesta. Pensaba en Camila a diario, en su guitarra y en los discos que no llegó a grabar. También recordó las palabras de Flecha, eso hacía que de alguna manera la esperanza de volver algún día a la Cuesta no muriera dentro suyo,.
Poco a poco Julio rehizo su vida, recupero el trabajo anterior, dijo que no había avisado porque haber sido víctima de un secuestro, también volvió a sus caminatas de regreso a casa. Lo que no volvió a recuperar fue esa relación que tanto lo había oprimido. Sabía lo difícil que sería criar a su hijo con una persona que no amaba, pero la idea de ser padre le empezaba a gustar más. Julio esperaba, ese era su plan: simulaba tener una vida común a la espera de su hijo, luego de que naciera buscaría la forma de escaparse con el a la Cuesta donde seguro nadie lo encontraría nunca.
Su hijo nació una madrugada bajo el asombro de todos. Julio no tendría porque escapar. Su hijo había nacido con una guitarra pegada al cuerpo.
Sunday, September 24, 2006
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