El viento no es tan sólo una corriente atmosférica de aire, es un aliado imperceptible para mis ojos, una excelente personificación de libertad que puedo tomarla con el resto de mis sentidos. Haber estado ausente durante tanto tiempo, me llevó a olvidar la agradable sensación de posar las alas en una espesa y caliente pared de nada. Dejarme llevar hasta que el viento decida en forma soberana y egoísta, salirse de mi rumbo para tomar otro que no es el mío. Ese punto en el movimiento de mis alas comienza a llamar al cansancio de los años y mientras mi marcha se detiene dejo librado a la suerte la posibilidad de descansar o que el viento, una corriente atmosférica de aire, al fin sea quien vuelva a asociarse con el rumbo sólo para acudir a mi rescate.
Volver a volar me llevó también a sentir el poderío increíble que me permitió ver el mundo desde arriba. He visto todo lo que un palomo activista de mis años pudo ver: las ciudades más lejanas y los pueblos más pequeños, lugares en los cuales el hombre mezcló el progreso con la armonía interminable de la naturaleza, imponentes paisajes y lugares donde pocos supieron llegar. Debo reconocer que he sido muy afortunado, ya que muchos de los palomos que estuvieron en la gran guerra sólo vieron destrucción y dolor. Por suerte yo comencé a servir a la causa un poco antes de la última batalla.
A pesar de que habían pasado muchos años, siempre tuve aquel infierno presente, no sólo por el horror de aquellas horas si no porque por primera vez tuve la sensación de que nunca más en mi vida volaría solo.
Desde ese momento, un grupo de cinco valientes palomos y yo, levantamos vuelo para tomar el camino que recorrimos a lo largo de nuestras vidas hasta llegar a nuestro último destino.
El cuadro era el mismo de siempre: a mi derecha formaban una hilera: Eduard, el estratega; Joseph, el traductor (conocedor de todas las lenguas secretas de las demás aves de ciudad) y el sargento Smith. A mi izquierda, la otra hilera: Rita, la hechicera; Graham, el científico y Stuart, el cazador.
Fue un viaje silencioso, volábamos en grupo pero a la vez sentíamos que cada uno lo hacia con sus propios recuerdos. Ambas hileras se desprendían de mis costados, en diagonal hacia atrás, para lograr la formación final. El destino: la plaza que se encontraba en el Centro de la Villa de Merlo, en San Luis. A mis espaldas vivencias, historias, anécdotas. Ante mis ojos las primeras imágenes de un futuro que no tardaríamos en divisar.
A medida que avanzábamos, comencé a comprender los mensajes que los maestros me contaban acerca de la ultima misión. ¨ Debe ser tu empresa más importante, una verdadera obra de bien ¨. También decían que durante el viaje iba a revivir cosas que creía muertas, sensaciones que me harían sentir otra vez un novato. Nunca logré entender lo que querían decirme con eso, hasta que llegó el momento de salir y entonces comencé a experimentar cada una de las palabras que ellos algún día me habían regalado.
El viaje era agotador, en especial para los palomos de nuestra edad; y la misión, una verdadera incógnita. Las ordenes eran llegar al punto de encuentro y recién ahí se aclararían todas nuestras dudas. Tardamos cuatro días en sobrevolar el lugar indicado. La Villa de Merlo poseía pequeñas construcciones estilo inglés que la convertían en un lugar muy pintoresco a pesar de haber sido uno de los blancos preferidos del enemigo durante la guerra.
Recorrimos el lugar durante un largo rato, volamos en círculos y jugamos entre nosotros, después nos dirigimos a la plaza para conocer nuestro nuevo hogar.
Pasadas las veintitrés nos instalamos en los árboles. Nos distribuimos dos por árbol. Rita y Eduard por un lado, Stuart y Joseph en otro y por último el sargento Smith y yo. Cada uno tomó una rama diferente de acuerdo a la función que ocupaba en el grupo. En las ramas más altas de cada árbol nos encontrábamos Stuart y yo: el podría observar bien el panorama para la caza de alimentos y yo supervisar todas las acciones, todos los movimientos que se realizaban en la plaza. En las ramas del medio se encontraban Eduard y el sargento Smith: ambos tenían que estar en contacto para llevar a cabo las estrategias en caso de una misión. En las primeras ramas se encontraban Joseph y Rita: Joseph buscaba cercanía con toda clase de aves que merodeaban por la plaza, las de vuelo bajo y también las que volaban alto. Rita, en cambio, era sonámbula, por lo cual decidimos que para ella dormir cerca del suelo sería lo más propicio.
La primera parte ya estaba resuelta; llegar después de un largo viaje, y asentarnos en el lugar asignado. Ahora sólo nos quedaba develar cual sería la misión. La incertidumbre de no saber por dónde comenzar a buscar y la quietud de un lugar donde no pasaban demasiadas cosas, hacían que nuestros nervios trabajaran sin descanso. Ni siquiera la llegada de la noche nos presento a nada ni nadie como para darnos una señal. Fue entonces que decidí darle descanso a todos.
Esa noche preferí quedarme de guardia, las primeras horas estuve acompañado por Eduard; nada ocurrió en el transcurso de esas horas. La segunda parte de la noche me acompañó el sargento Smith. Nos mantuvimos alerta mientras pudimos, pero pronto el cansancio del viaje comenzó a ganarnos. Sentía que cualquier esfuerzo que hiciéramos sería inútil y pronto nos dejaríamos vencer por el sueño, sólo que no contábamos con una voz que nos devolvió la lucidez. Era una voz gruesa, oscura y se escuchaba con claridad, pero no lográbamos divisar de donde provenía. Parecía llamar a alguien. Despegamos de las ramas y comenzamos a volar en círculos alrededor de la plaza a unos diez metros de altura; dimos unas cuatro vueltas hasta que en la quinta vimos que Rita volaba dormida. Nos acercamos a ella para confirmar que esa tenebrosa voz usaba su boca para perderse en el aire. Primero pensé que era uno de sus conjuros pero cuando nos llamó por nuestros rangos pudimos comprobar que se trataba de algo más.
- Teniente, usted debe escucharme.
- ¿Pero usted quién es? ¿Qué hace en el cuerpo de Rita?
- No pregunte, sólo escuche lo que tengo para decirle.
- …
- Esta vez la orden no será por escrito, la misión que se le encomienda a usted y a su escuadrón será hacer realidad lo que más desee que suceda. Tiene que ser algo que no tenga que ver con usted ni con su escuadrón, tiene que ser algo que involucre a alguien más. Es muy probable que sea la misión más importante de su vida ya que para poder retirarse no deberá fallar ¨
- Pero ¿Cómo sabe todo esto? ¿Quién es usted?
- Me parece que hace demasiadas preguntas. Será mejor que me vaya. Y no se preocupe que no importa en que forma o cuerpo. Usted volverá a tener noticias mías.
- No se vaya, espere, espere…
Pronto una luz encandiló nuestros ojos y para cuando recobramos la visión, Rita se reincorporaba en un cesto de basura luego de que un duro golpe la despertara tras una caída libre de diez metros.
El amanecer nos encontró reunidos al sargento Smith a Eduard y a mí para pensar los pasos a seguir. A primera hora del día Stuart y Joseph salieron en diferentes direcciones para buscar datos que pudieran servir a la causa. Mientras tanto, Rita intentaba encontrar rastros de aquella voz que la había poseído, Graham, el sargento Smith y Eduard analizaban los movimientos que se realizaban en la plaza y yo encontraba en el sueño, las fuerzas que había perdido varias horas atrás.
Desperté a media tarde luego de un corto pero agradable descanso, con delicados movimientos estiré las alas y el cuello, con el pico ordené en las alas la mancha blanca del torso y para cuando levanté de nuevo la mirada, pude ver que del horizonte se desprendía una mancha gris que pronto se transformaría en la silueta de Stuart. Tan sólo le tomó unos minutos atravesar una distancia interminable que lo separaba de mi.
Esperamos juntos en mi rama hasta que la tarde se hizo noche y Joseph se acercó por la parte Este de la plaza. Nos juntamos los tres en el semáforo de las calles tres y cuatro, más precisamente, en la esquina sur de la plaza.
Hablamos de las primeras impresiones que tuvieron respecto de las cosas que habían visto durante el día, mientras tanto, Graham y el sargento Smith, se sumaban a la reunión. Luego comenzaron a dar un informe más detallado. El primero en hablar fue Stuart.
- Me costó mucho poder encontrar algo que me llamara la atención, nada había que se saliera de lo común. Todo hacía parecer que era un lugar de suma tranquilidad. Se nota que hicieron un gran esfuerzo por ocultar las huellas que habían quedado de la guerra. Sin embargo, cuando sobrevolaba las casas que están en la base del cerro encontré que al costado de la calle se alcanzaba a ver una cabeza de misil que parecía estar enterrada. Con mucho esfuerzo logre desenterrar una parte en la que estaban escritas las iniciales ¨YyZ¨.
En ese momento Graham lo interrumpió de manera abrupta.
- ¨ YyZ ¨dijiste, no puede ser. Pobre gente, lo que debió sufrir. Tengo que verla ¿Dónde está?
- Un momento. YyZ, yo también vi un misil con las mismas iniciales en la parte Este del cerro - dijo Joseph de un sobresalto.
- ¿Y dónde está el otro Stuart?
- En el lado opuesto del cerro.
- Esto es peor de lo que me imaginaba.
- ¿Graham, me podes decir qué es lo que pasa?
- Estamos ante un arma muy peligrosa teniente. Para que se dé una idea de lo que es capaz este misil, sólo tiene que recordar lo que ocurrió en San Rafael y en Los Morros.
- Todos los sentimientos que un hombre puede tener quedaron desactivados. Gente incapaz de sentir dolor, cansancio, hambre o aburrimiento, ni siquiera amor. De esa manera fue que tomaron esas ciudades y sin encontrar ningún oponente, hicieron una gran fábrica de armas. Sólo la gente que no tiene que curar una herida, que no necesita descansar, o que no quiere estar con la gente que ama puede dedicarse la mayor cantidad del tiempo a trabajar en la fábrica.
- ¿Y qué pasó con esa gente, teniente?- preguntó Joseph.
- Muchos murieron infectados, otros de cansancio. Y los pocos sobrevivientes que quedaron después de la guerra tuvieron un triste final en una cama solitaria.
- Sí, por suerte acá no han estallado-dijo Stuart antes de ser interrumpido por Graham.
- Si, es cierto pero hay que desactivarlos cuanto antes, por sobre toda las cosas averiguar si alguien vivía cerca de los lugar es a donde cayeron los misiles. Porque si es así, esa gente puede que padezca los síntomas que antes mencionó el Teniente.
- Ok, Stuart y Joseph lleven a Graham donde se encuentran los misiles y desactívenlos. Mientras tanto yo estaré con Rita para intentar ver a través de sus cristales el momento en que cayeron estas armas.
- Muy bien, mi teniente.
Joseph, Stuart y Graham se perdieron en el atardecer de una jornada que aparentaba permanecer más allá de la madrugada. Yo visité a Rita en su rama para comenzar a explorar aquellos tiempos pasados.
Todo hacía presagiar que pasaría otra vez la noche en vela. La ayudé a encontrar unas ramas para encender el fuego donde se proyectarían las visiones acerca del momento en que cayeron aquellos misiles. Al mismo tiempo, pero en otro lugar de la Villa de Merlo, Stuart, Joseph y Graham intentaban desactivar uno de los misiles ¨YyZ¨.
- Muy bien, Stuart, voy a necesitar algunas herramientas con las cuales trabajar, es muy importante que consigas justo lo que te pido. Cualquier error puede ser fatal. Traeme muchas hojas de naranjos, la vitamina c que contienen ayudarán a la causa.
- Muy bien Graham, estaré acá lo más rápido que pueda.
- Ok. Y vos Joseph, necesito que cortes de alguna manera la ruta, no sé de qué forma, pero sería muy peligroso que algún auto pasara justo en el momento en el que abra el misil.
- Está bien, contá con eso.
Y fue así como sucedió. Pasó una hora y media hasta que Stuart llegó con el encargo de Graham, tras exponerse a los peligros que representan para un palomo, enfrentase con cualquier clase de mascota casera. Encontró las hojas en un pequeño rancho, a unos dos kilómetros del lugar donde estaba el misil. Sobrevoló la zona dos veces para evaluar la situación: dos perros de campo y cinco gatos por lo menos. Sabía que tendría que ser muy cuidadoso, retrocedió unos cincuenta metros, dio la vuelta y a partir de los veinticinco metros de altura comenzó a planear en dirección al naranjo con la intención de no hacer el menor ruido. Su plan no funcionó. Ni bien hizo contacto con la rama en la que iba a trabajar se encontró con un pequeño ruido que no tenía en sus planes. Una naranja que estaba en esa rama cayó sobre la cabeza de uno de los perros que dormían. El primer ladrido rompió el silencio de la noche, el segundo despertó a sus compañeros y el tercero generó el verdadero peligro, tres gatos estaban próximos al tronco del naranjo, era cuestión de segundos para que llegaran a Stuart.
Al mismo tiempo, pero en otra parte de la villa, Joseph buscaba una solución rápida al problema de la ruta. Primero pensó en hacer que un grupo de vacas obstaculizara el camino, pero descartó esa idea. Voló por las cercanías del lugar donde se encontraba el misil durante un rato más, hasta que al fin encontró lo que buscaba: aliados para llevar a cabo su plan. Dos murciélagos sobrevolaban a gran velocidad por entre los árboles que se encontraban a los costados de la ruta. Esperó unos minutos a que pasaran cerca suyo, ya que con la velocidad que volaban jamás podría alcanzarlos, y cuando se acercaron los llamo con voz enérgica.
- Escuchen, tengo un mensaje para ustedes- pareció que los murciélagos ignorarían aquel llamado, pero no. Retrocedieron para buscar a la voz que los había llamado, sin embargo frente al silencio comenzaron a desorientarse hasta que al fin Joseph, con voz bien clara repitió- Escuchen, tengo un mensaje para ustedes.
- ¿Quién sos? ¿Tenés un acento muy raro?
- No soy uno de ustedes, sin embargo vengo a advertirles de un mal que pronto, mucho antes de lo que imaginan, llegará para los suyos.
- ¿Y qué te hace pensar que tendríamos que creerle a un desconocido?
- Muy bien, si no quieren no les cuento, pero después en el momento en que esos motores manejados por seres humanos terminen con su vida y la de sus seres queridos, darían cualquier cosa por volver el tiempo atrás tan sólo para escuchar lo que un humilde servidor tiene para decirles. Siento haber interrumpido su vuelo tan entretenido. Que tengan una buena noche, caballeros.
- Alto, quien quieras que seas, no te vayas, no era mi intención dudar de tu palabra, estamos dispuestos a escuchar y después evaluaremos qué hacer, espero que no se haya sentido ofendido por nuestra torpe actitud.
- Muy bien, entonces presten atención, mucha atención. Si se quedan por acá, pronto escucharán ruidos molestos y fuertes a cada rato, son los hombres y sus máquinas caza murciélagos, los buscan para experimentar con ustedes. Su tarea será detenerlos, impedir que sigan su camino- Mientras Joseph continuaba con su explicación, un camión que trasladaba ganado se acercaba por detrás de los murciélagos - Escuchen, se acerca un grupo de hombres. Es ahora o nunca, de ustedes depende el futuro de su raza.
En ese preciso instante, los murciélagos giraron para volar directo al parabrisas del camión que, al hacer el intento de eludirlos, con una brusca maniobra giró hasta salirse del camino y dejar al acoplado con las vacas de manera tal que cortaban la ruta de punta a punta. La misión había funcionado. Joseph volvió rápido a donde se encontraba Graham; los murciélagos murieron como héroes, o al menos eso pensaron antes de terminar incrustados en el acoplado.
Joseph se reencontró con Graham al mismo tiempo que Stuart intentaba escapar de su difícil situación. Recolectaba tantas hojas como podía mientras medía el tiempo que tardarían en llegar los gatos hasta el árbol. Estaba listo para volver, pero su torpeza le jugó en contra: cuando intentaba levantar vuelo una astilla que había en la rama se clavó en una de sus alas. El dolor lo tomó por sorpresa y con un acto reflejo soltó las hojas que sostenía con la boca. Tenía poco tiempo, eran muchas las hojas que se le habían caído y los gatos estaban al acecho. Stuart tenía fama de ser un palomo torpe, pero también más fama de ser un buen amigo de la suerte. Justo en el momento en que los gatos comenzaban a trepar del árbol fueron interceptados por los perros que se habían levantado minutos atrás y sin saberlo le dieron a Stuart la posibilidad de completar su misión. Al rato se reunió con Joseph y Graham, quien no tendría mayores inconvenientes en desactivar el misil.
Las horas pasaban y la incertidumbre era cada vez mayor: por un lado Graham, Stuart y Joseph hacían todo lo posible por mantenernos a salvo y, por el otro: Rita, yo, y un rato más tarde el sargento Smith, explorábamos los distintos caminos que se nos presentaban para nuestra misión.
De Rita nunca se sabía qué esperar, sin embrago siempre terminábamos por recurrir a sus conjuros. Por un momento pensé en que volvería a ver la misma escena de siempre: mucho humo y de repente ella salía disparada sin dirección. Pero no, para que este sortilegio diera resultado tendríamos que estar presentes. El pedido era sencillo: abrir las alas, cerrar los ojos, apuntar al cielo con nuestros picos y poner nuestras mentes en blanco así escucharíamos sólo la voz de Rita. Estuvimos de esa forma durante un rato y nada: los nervios ocasionados por la mezcla de desconfianza y miedo hacía aquellas prácticas se apoderaban de mí. Parecía increíble, un palomo que había atravesado todo tipo de peligros, uno más riesgoso que el otro, estaba preso del pánico. Durante toda mi vida me había sentido capaz de desafiar las maldades que el hombre hacía, pero las fuerzas del oscurantismo eran un terreno que quería ver de lejos, ya que me resultaba algo imposible de dominar. El silencio hacía que mi impaciencia creciera, y mis alas empezaban a ceder justo cuando Rita soltó sus primeras palabras. Pronto sentí que las ramas que habíamos juntado para hacer el fuego donde Rita proyectaría las escenas pasadas, comenzaron a arder y un viento fuerte se adueñó de mi cara. Entonces ella repitió las mismas palabras. En ese momento sentí que mis patas pisaban el aire mientras que el viento se hacía más fuerte. Mi corazón se aceleraba aún más hasta que escuchó una explosión que me hizo abrir los ojos. Frente a mi un gran fuego rozaba las ramas del árbol, que sin embargo no llegaba a incendiarse. A mi derecha, el sargento Smith intentaba entender al igual que yo, lo que sucedía. A mi izquierda Rita se movía como si fuera una marioneta, se desplazaba de manera brusca de izquierda a derecha, de arriba abajo, su cabeza giraba a una velocidad inusitada hasta que de sus ojos salieron unos rayos que se mezclaron con el fuego, y de repente el fuego se transformó en pantalla y el sargento Smith y yo fuimos testigos, una vez más, de la crueldad de aquella guerra. La imagen era nítida, podíamos ver cada detalle de las batallas que se libraron en este lugar hasta que al fin llegamos al momento en que el enemigo tiro su primer misil ¨ YyZ ¨. Las imágenes nos mostraban una madrugada muy húmeda y nublada, después de largos combates parecía otra vez reinar la calma. Pero no. Desde el cielo cayó algo más que un misil averiado en sus turbinas. Del costado izquierdo de la coraza de metal se desprendía un humo celeste que cubría unos cinco kilómetros a la redonda. Al principio no vimos más que vacas, caballos y cabras, muchos animales paralizados, como si no tuvieran vida. A simple vista no parecía haber seres humanos en la zona. Pronto, como si fuera una cámara de televisión desde un helicóptero, las imágenes comenzaron a seguir el trayecto del humo hasta que al fin llegó a un pequeño rancho. La imagen era desoladora: las plantas parecían congeladas; tres perros, un gato, una pared de jaulas llenas de pájaros; todos inmóviles, como si la vida los abandonara de manera sorpresiva para pasar a un estado vegetativo. La imagen siguió su curso hasta entrar en la casa. El interior parecía ser el deposito de la tristeza que convivía con sus dueños: fotos antiguas, adornos de otra época y cuadros mal colgados en todas las paredes. Tardamos unos minutos en descubrir lo peor de todo. En la habitación contigua dormían en camas separadas, un hombre de avanzada edad y una mujer que parecía comenzar a dejar atrás su juventud.
Lo que más temíamos que sucediera, ahora terminábamos por confirmarlo. Había dos victimas, y faltaba ver lo sucedido cuando cayo el otro misil.
Un poco más de veinte minutos fue lo que tardaron Graham, Joseph y Stuart en cruzar la Villa de Merlo para encontrar el otro misil. Estaba a unos veinte metros de la ruta, por lo cual sólo necesitarían encontrar las hojas de los naranjos para desactivarlo. Lo que antes había sido una tarea que casi le cuesta la vida a Stuart, ahora sería más fácil con la compañía de Joseph. Volaron por los alrededores hasta encontrar en un rancho el naranjo que buscaban. Estaba a unos cinco kilómetros de la locación del misil. Primero dieron un par de vueltas sobre el rancho, luego retrocedieron unos diez metros en dirección contraria, dieron la vuelta y planearon hasta llegar al árbol. Esta vez no había perros a la vista y las ramas no le jugaron en contra, sólo un viejo búho que se creía dueño del naranjo puso reparos. El susto de ver a dos inesperados visitantes lo llevó a gritar durante unos segundos hasta que al fin Joseph logró calmarlo.
- Por favor, no grite. No queremos hacerle daño.
- ¿Qué hacen ustedes en mi árbol? ¿Qué búhos raros que son?
- No somos raros, somos búhos disfrazados de palomas, estamos en una misión secreta y es importante que nadie nos descubra ¿Entiende? Así que por favor le pido que colabore, créame que es por el bien de la raza.
- Perdón, sepa disculpar mi torpeza, es que me asusté. Durante las solitarias noches, no vuelan más que murciélagos. Escuche joven ¿Cómo dijo que se llamaba?
- Mi nombre es Joseph y mi amigo se llama Stuart y es extranjero, así que no podrá contestarle.
- Que lindo ¿De dónde es el joven inmigrante?
Mientras Joseph distraía al viejo búho, Stuart recolectaba las hojas lo más rápido posible. Parecía que todo iba a salir como lo habían planeado, hasta que un hombre anciano con su escopeta entró en escena. Pronto Joseph, Stuart y el viejo búho pasaron a ser parte de la silenciosa escenografía de la noche. Fue un momento muy tenso el que les tocó vivir: Stuart y Joseph esperaban atentos mientras estudiaban cada movimiento del hombre. Ambos sabían que ante el menor ruido pasarían a la historia, por lo que comenzaron a notar que el tiempo no tardaba lo mismo en hacer pasar sus segundos y que el viento se detenía para delatar el más mínimo susurro. Justo en ese momento, la rama que los mantenía aún alejados de su amenaza, empezó a moverse de manera violenta. Stuart y Joseph se miraban sin comprender qué sucedía. El miedo invadía sus cuerpos hasta que los dos a la vez giraron sus cabezas hacia la derecha para comprobar que el viejo búho parecía una hoja de árbol entregada a la tormenta. De manera silenciosa, Joseph intentó calmarlo.
- ¿Qué sucede anciano amigo? Tiene que controlarse, si nos descubren no podremos terminar la misión y nuestro plan desaparecerá con toda la raza de búhos del planeta.
- Joven, hago lo que puedo, pero si mira hacia el suelo se dará cuenta del peligro que corremos.
Al bajar la vista, Joseph no encontró más que cuerpos de aves por todo el piso: palomas, pájaros, búhos, golondrinas. Durante un instante Joseph perdió el control y el equilibrio; comenzó a tambalearse hasta que se estrelló cerca de la muerte que lo miraba desde los ojos de un pequeño gorrión. Los reflejos y el instinto de conservación hicieron que Joseph se incorporara lo antes posible para verse de pie justo delante del cañón de la escopeta. El anciano le apuntaba directo a los ojos. Dueño de una considerable altura y un estómago prominente que le impedía ver sus piernas. El hombre de mirada extraviada y amplia calvicie, parecía ser el encargado de manejar el destino de Joseph que estaban entregado a la situación. La frialdad de la noche se hacía cada vez más difícil de soportar y el suspenso capaz de penetrar hasta los huesos.
Mientras Joseph se debatía entre la vida y la muerte, Rita continuaba con el ritual para ver lo que había sucedido con el otro misil. Sus movimientos bruscos no cesaban y el fuego que salía de los ojos no se apagaba. Todo parecía mantener su curso hasta que un visitante inesperado se sumo a la reunión. Los movimientos de Rita comenzaron a ser todavía más bruscos y el fuego se volvió aún más intenso. El sargento Smith y yo mirábamos sin saber como actuar. Entonces, la voz que había poseído a Rita la noche anterior entró otra vez en escena, sólo que esta vez no hablaba desde la boca de Rita, si no hacía desde el fuego.
- Teniente, usted debe escucharme.
- Esperaba volver a escuchar su voz. Pero este no es el momento más preciso para que aparezca por acá.
- Se equivoca teniente creo que es el mejor momento para que hablemos. Creo que es hora de que termine con estas prácticas mundanas y se dirija con sus propios ojos para estudiar lo que, con seguridad, será su misión. Mire el fuego como lo hacía hace un rato. Como vera, acá está el otro misil. En este lugar encontrará todas las respuestas.
- ¿Ahí también sabré a quien pertenece la generosa voz que nos ayuda?
- Teniente, yo le diría que no pierda más tiempo. Tal vez ahí además de encontrar respuestas pueda salvarle la vida a su amigo Joseph.
En ese momento, sobre el fuego se proyectó la imagen de Joseph amenazado por la escopeta del viejo hombre
– Me olvidaba, eligió de una excelente manera la misión, igual les doy un consejo: no se distraigan mucho, miren que el tiempo corre en su contra. Será hasta la próxima.
De la misma manera que la noche anterior, una fuerte luz estalló en nuestros ojos y para cuando recobramos la visión, Rita se encontraba en el piso limpiándose las alas luego de caer en el fango que había en la plaza.
Le ordené al sargento Smith que cuidara a Rita, ya que había realizado un gran esfuerzo. Yo en cambio abrí mis alas para volar tan rápido como nunca antes lo había hecho.
Pude divisar el lugar a unos treinta metros de distancia. No tenía mucho tiempo más pero al ver la cantidad de aves muertas alrededor de Joseph y el viejo, deduje que si volaba por sobre ellos no contaría la historia. Aterrice en una rama del otro lado del árbol donde se encontraba Stuart junto al búho. La lentitud con la que corrían los segundos me permitieron observar al viejo hombre que sostenía la escopeta: la prominente panza y la calvicie extrema eran los típicos rasgos de un hombre de esa edad. Pero la mirada penetrante rodeada de un rojo muy fuerte, me llamaban la atención. Sin embargo ese no era el momento más propicio para detenerme en esos detalles.
Por alguna extraña razón, el hombre todavía no disparaba sobre Joseph. Se miraban, se estudiaban, analizaban cada uno de los movimientos que hacían aunque ambos permanecían inmóviles. Aproveché que Stuart era el cazador del grupo y conocía mejor que nadie las distintas técnicas de vuelo silencioso para sorprender a sus víctimas. Según mis cálculos, el hombre esperaría a que Joseph volara para disparar, así que de alguna manera tendríamos que distraerlo para que Joseph escapara de una muerte segura. Era un plan peligroso pero no había otra posibilidad.
En medio de la noche se escucharon varios disparos. El hombre que había presionado el gatillo de su escopeta, ahora se mantenía expectante para encontrar el lugar de donde provenía la lluvia blanca que cayo un instante atrás sobre su cabeza. En la confusión Stuart tomó por el cuello a un Joseph paralizado. Así emprendieron el camino que los llevaría a encontrarse con Graham, conmigo y con las ramas que yo sostenía con mi boca para que él pudiera cumplir la misión con efectividad.
El descanso llegó con la madrugada y el medio día llegó con una reunión de suma importancia. En el semáforo que ya se había convertido en el centro de operaciones nos juntamos Eduard, el sargento Smith y yo. Juntos programamos los pasos a seguir para después designar responsabilidades.
Sabíamos el número de victimas, donde se encontraban, y lo más importante de todo, sabíamos bien cuál era nuestra nueva misión. Si bien conocíamos las consecuencias que los misiles YyZ habían generado en los habitantes de estos ranchos, necesitábamos saber un poco más acerca de ellos. Entonces citamos a Stuart que un rato más tarde salió junto al sargento Smith a cumplir esa peligrosa misión.
Durante varias horas continuamos la reunión con Eduard, debíamos definir el fin que tendría esta misión y como haríamos para lograrlo.
- Muy bien, por un lado tenemos a un hombre de unos setenta años, muy deteriorado en su aspecto. Tiene los ojos de un color muy raro y se comporta como un robot. Por el otro, si los cálculos no me fallan, sólo la joven mujer que vimos en las imágenes que nos mostró Rita, debe haber sobrevivido al paso del tiempo. Con ella no tuvimos contacto de ningún tipo.
- Está bien Teniente, para que nuestro plan sea redondo necesitamos de dos personas, pero sólo tenemos certeza de que una de ellas está viva.
- No te preocupes Eduard, si el hombre logró conservarse, lo más probable es que ella también lo haya hecho.
- Entonces, déjeme ver si entendí. Tenemos a dos personas con sus sentimientos congelados a los que debemos enamorar y a todo esto hay que agregarle que además odian a todo lo que vuela ¿No será una misión un poco complicada?
- Esta misión es diferente a todas las anteriores, acá no tenemos que llevar medicinas ni orientar batallones hasta el escondite del enemigo. Acá no se trata de qué tan fácil o difícil puede ser nuestra misión. Acá se trata de cumplirla y listo.
- ¿Y cómo vamos a hacer?
- No sé, el estratega del grupo sos vos.
- …
- No te preocupes, de alguna manera vamos a lograrlo, no nos queda otra opción.
Más tarde Joseph ayudo a Eduard a organizar bien la estrategia, mientras tanto yo me junte con Graham y le ordené que investigara bien los misiles para desarrollar un antídoto para esas personas. Después me junte con Rita para que buscara un sortilegio que pudiera enamorar a estas dos personas.
Cada uno se concentró en las diferentes tareas mientras que yo estaba a la expectativa de los resultados. Con el tiempo, la espera se transformaba en una lluvia de pensamientos que hacían estragos en mi mente. Pronto en mi cabeza se proyectó la imagen de los cuerpos de Stuart y el sargento Smith, entre los tantos otros que se encontraban debajo del árbol donde el viejo amenazaba a Joseph con la escopeta. Las piernas comenzaron a temblarme y el pulso parecía salirse de control, los ojos ya no veían el cansino ritmo de la Villa y mis orejas pasaron de escuchar un fuerte zumbido que, de manera brusca, dejó lugar a la extraña voz que esta vez no venía acompañada del cuerpo de Rita.
- Un Teniente de su clase no debería actuar de esa forma. -Dijo la voz desde el viejo búho que habían conocido Stuart y Joseph la noche anterior.
- Basta de misterios. Digame ya quién es usted.
- Tranquilo Teniente, sólo soy una voz amiga que esta para acompañarlos. O si no, mire, cuando sus palomos estaban en peligro, yo estaba ahí para alertarlo.
- Si hubiera sido una voz amiga, no hubiera hecho que Joseph se cayera. Por el contrario, hubiese ayudado.
- Mi ayuda es advertirle, pero no puedo entrometerme en ninguna de sus acciones. Está prohibido.
- ¿Prohibido por quién? ¿Qué es? ¿A qué representa?
- Así que quiere saber quién soy.
El búho levantó sus alas y se quedó inmóvil frente a mis ojos. El viento comenzó a soplar fuerte y el cielo envolvió la villa con un tenue color rojo que apenas alcanzaba para ver a un par de metros de distancia: del resto del show se encargó el viejo búho. Sus ojos ardieron en una intensa luz y comenzó a dar vueltas hasta transformar su imagen en la del Sabio de los palomos.
Para ese entonces Graham, Eduard, Joseph y Rita habían dejado de lado todo lo que hacían para ver la espectacular aparición del viejo Sabio.
- ¿Qué hace acá?
- Teniente, pedí supervisar su misión de manera personal. La destacada actuación que tuvo a lo largo de su carrera me llevó a tener una increíble curiosidad acerca de su desempeño en esta misión. Además se cuenta que en la última misión siempre sucede lo que en ninguna otra ocurrió.
- ¿Qué quiere decir con eso?
- No sé, usted sabe mejor que nadie que es lo que nunca le ocurrió en las misiones anteriores. Se dice que nunca es tarde para pagar ciertos precios.
- ¿Puede ser más explicito?
- Recuerde, Teniente… Sólo vengo a advertirle, más no puedo hacer por usted. Le recomiendo que medite sobre lo que hablamos. Ahora me voy a recorrer un poco la Villa. Siempre quise conocerla. Hasta pronto.
El viejo Sabio levantó vuelo y se alejó para formar parte del atardecer mientras Stuart y el sargento Smith se acercaban por el lado opuesto.
Poco tardaron en llegar al semáforo para contar las novedades de una jornada agitada.
- Teniente, hemos volado por los alrededores de los dos ranchos . En el del hombre que visitamos la noche anterior el panorama era el mismo. En el otro rancho encontramos también una cantidad considerable de aves muertas, pero en este caso quien las había matado era una mujer de avanzada edad y coincidía con el anciano de la noche anterior en dos cosas: tenía la vista perdida y una escopeta en la mano.
- …
- Teniente ¿Se encuentra bien? Está como ido.
- Sí, disculpen, es que me quede pensando… Nada más. Esta bien muchachos, tomen un descanso, se lo tienen merecido.
La manera de actuar que había tenido en la reunión, me llevó a pensar que sería inútil hacer cualquier esfuerzo por ocultar mi preocupación. Las palabras del viejo Sabio habían tenido una fuerte repercusión en mi persona. Lo ideal hubiera sido que me tomara un tiempo, unos minutos para tranquilizarme. Pronto tome conciencia del peligro que corría mi escuadrón y los nervios le informaron al cerebro que unos minutos no alcanzarían ni siquiera para empezar a recomponerme. Me propuse no pensar y mientras esperaba que llegara la hora de juntarnos con Graham y Rita, sólo mire el rosa que se transformaba en azul detrás de esas inmensidades que rodeaban la Villa de Merlo.
Con las primeras horas de una nueva noche de desvelo, había llegado el momento de escuchar lo que Graham tenía para contar.
- Teniente, realicé una gran búsqueda en mis libros, y estudie esta situación como nunca antes. Lo medite durante un largo rato, pero todo me llevaba de nuevo al mismo y riesgoso lugar. Teniente, la única forma que tenemos para curar a estas personas es recurrir a los dardos de paz. Eso le devolvería todos los sentimientos, pero analizando la situación, será una misión de vida o muerte para el palomo que la lleve a cabo.
- No, no es posible, tiene que haber otra manera de lograrlo. No voy a arriesgar a ningún palomo de este escuadrón. Volvé a los libros y mejor que encuentres una solución a todo esto.
- ¿Qué le pasa Teniente? Stuart ya me había dicho que tenía un comportamiento extraño ¿Es por la presencia del viejo Sabio? Pero el no nos juzga en esta misión, dijo que sólo colabora y nos advierte de los peligros.
- Justo eso, es que ya me advirtió que algo terrible está por suceder.
- Disculpame por el trato, ahora necesito pensar, tenés tiempo hasta las primeras horas de la mañana. Si no encontrás otra solución, veremos que inventamos. Y por mi no te preocupes, voy estar bien.
- Muy bien Teniente.
Por un momento sentí que el plan de Graham me acorralaba aún más y que indefectiblemente la misión tendría un desenlace trágico. Una vez más los nervios ganaron un lugar dentro del cuerpo y el Viejo Sabio apareció junto a mi. - ¿Qué pasa teniente? Lo veo un poco intranquilo.
- La verdad es que no entiendo que quiere lograr. Aparece de la nada y encima lo único que hace es recordarme que estoy en una encrucijada de la cual será muy difícil salir.
- Es increíble ver cómo los seres se transforman por su ego. Si hay algo que lo caracterizo a usted, a lo largo de su carrera, fue la seguridad de sus actos y decisiones. A ver ¿Cuántas soluciones más efectivas que un dardo de paz puede encontrar Graham para resolver la misión? ¿No le parece Teniente?
- Yo le voy a demostrar que voy a ser la excepción a la regla, nada que no haya evitado en otras misiones ocurrirá ahora, ust..
- Su ego Teniente, su ego. Si usted no lo controla, él lo controlará a usted. Recuerde, es muy probable que haya llegado el momento de pagar algunos precios. Ni usted ni sus palomos son más importantes que la misión, y mucho menos que la ultima de ellas.
- …
- Silencio Teniente, piense, piense…
Repitió una y otra vez el Viejo Sabio mientras se alejaba de mi. La confusión y los nervios llegaron a un estado de ebullición hasta que por la boca se transformaron en un grito que rompió con la paz de la noche. No pasaron más de dos minutos para que todos los palomos me rodearan junto con sus miradas de asombro. Tarde un minuto más en reaccionar, me sentía liberado, enérgico y listo para comenzar con las instrucciones de los pasos que comenzarían con el fin de esta misión.
- ¿No falta nadie? Muy bien primero quiero que escuchen a Graham con mucha atención y le consigan todo lo que el necesita. Graham ¿Qué necesitamos para hacer los dardos de paz?
- En primer lugar, necesitamos cañas para armar los cilindros, después necesitamos muchas ramas con hojas secas, combustible, mucho combustible para darle velocidad y fuerza al tiro y lo más importante de todo, voy a necesitar el aporte de todos, con sangre y plumas.
- Escucharon bien ¿No? Rita, juntá las ramas, Stuart andá por las cañas para los cilindros, tiene que haber cerca de los ranchos del cerro, Joseph, vos vas a conseguir el combustible, calculo que en el camino vas a conocer a alguien que te va a ayudar, Eduard, vos te quedas conmigo y el Sargento Smith, tenemos mucho que pensar. Vamos, a moverse… No, esperen, primero la sangre y las plumas.
La energía y motivación que inyecté en el escuadrón no le dio tiempo al cansancio de actuar sobre ellos. Rita no tardó mucho en cumplir su misión, Stuart voló rápido hacia el cerro, tardó un rato en acostumbrarse a la oscuridad de una zona en donde no llega a alumbrar ni la luz de una inmensa luna llena. Esperó unos segundos y cuando comenzó a ver en la oscuridad continuó hasta que consiguió lo que le habían pedido. Mientras Joseph buscaba un ayudante en su difícil tarea, Eduard, el Sargento Smith y yo planeábamos cómo llevar a cabo la parte más difícil de la misión.
Fue una larga noche, planeamos todos los detalles hasta las primeras horas del medio día, primero planificamos junto a Eduard toda la estrategia, luego decidimos quiénes serían los responsables de llevar a cabo nuestro plan. Mientras tanto, Graham trabajaba sobre los dardos y Joseph guiaba a unos gorriones que traían el combustible en bolsas, luego de hacer que un camión chocara contra el surtidor de la estación abandonada.
Graham se tomo unas horas más y el momento menos esperado fue el más rápido en llegar. Convoqué a todos en el semáforo, había llegado la hora tan temida por mí.
- Muy bien Stuart, vos te vas a encargar de llevar el dardo de la mujer, y el dardo del hombre lo vas a llevar, vos Joseph, confío en que puedas usar a tus amigos para esta misión y quiero que sepan que de ustedes depende el éxito del escuadrón. Por favor, tengan el mayor de los cuidados. Ahora se van a quedar con Eduard que les va a explicar la estrategia, después Graham les dirá como tienen que hacer con los dardos. Ha sido un verdadero honor trabajar con dos palomos tan valientes como ustedes.
Me alejé hacia la otra punta de la plaza junto al Sargento Smith, por primera vez no quería ver cómo se alejaban mis dos amigos por más que estaba confiado en la estrategia planeada.
Espere a que pasaran unos minutos de la salida de Stuart y Joseph, para llamar a Eduard y al Sargento Smith, un segundo más tarde se acercó Graham y les colocó unos micrófonos especiales camuflados como plumas, en el centro del pecho. Luego les di instrucciones de que siguieran a Stuart y a Joseph, pero que se mantuviera a cierta distancia, a la espera de que surgiera algún problema. El sargento Smith se fue tras los pasos de Joseph, Eduard, en cambio, siguió la ruta de Stuart. Esta decisión me dio un poco de tranquilidad para juntarme con Rita a desarrollar el plan para enamorar a estas personas.
Joseph voló con velocidad hasta llegar a unos cuantos metros de su destino, y se detuvo durante unos minutos en un árbol. Analizó el lugar, se fijó en cada detalle, luego recordó cada paso de la estrategia que había desarrollado Eduard hasta que dos murciélagos pasaron junto a él para detenerse en una rama cercana. Joseph vio en ellos la posibilidad de contar con dos aliados.
- Oscura la noche ¿no?
- Sí, como todas, ¿qué acento raro? Vos no serás…
- No, yo no soy de por acá vengo de Córdoba, del otro lado de las sierras.
- Se comenta que un impostor condujo a unos amigos nuestros a morir en un accidente.
- Qué tragedia, cómo sucedió…
- No sé, es que nadie los vio. Lo que sí, uno de nosotros escuchó el diálogo y aquel murciélago hablaba igual que vos.
- Debe haber sido alguien del mismo lugar de donde vengo.
- Es más, ahora que te escucho era tu voz también.
- …
- Ahora que lo pienso debés ser vos.
Justo en ese momento el ladrido del mismo perro de las otras noches volvió a despertar al anciano que encendió todas las luces de la casa y salió con su escopeta. De manera ágil, Joseph movió fuerte sus alas, voló sobre los murciélagos que lo amenazaban, y apunto su pico hacia el piso para planear lo más silencioso posible. El plan le dio resultado, los murciélagos enloquecieron y comenzaron a volar en forma circular sobre la casa del anciano que abrió fuego sobre ellos. La velocidad de los murciélagos enagenados era demasiado para los reflejos del viejo hombre, que concentrado en disparar no pudo prevenir que Joseph volaría a treinta centímetros del piso como le había indicado Eduard, para clavarle el dardo justo en su rodilla. El anciano se estremeció en un grito que la noche se llevo junto con varios disparos, Joseph volvió en vuelo rasante con la certeza que de su misión había sido exitosa.
El logro que había tenido Joseph llegó a mis oídos en la voz de un
aliviado Sargento Smith.
Varias horas habían pasado desde la partida de Stuart. Según los relatos que Eduard hacía por el micrófono, Stuart se tomó todo el tiempo del mundo para analizar la situación, cómo era el terreno y los movimientos que hacía la anciana mujer mientras colgaba la ropa. Eduard, mientras tanto, vigilaba a Stuart muy atento y cada vez más de cerca, según sus relatos, Stuart inseguro y temeroso. Volaba como ningún orto palomo, era veloz y ágil y podría haber cumplido su misión sin sobresaltos, pero no. Tomó la decisión, contó hasta tres, cerró los ojos por un segundo y salto a un vacío, más vacío que nunca, extendió sus alas y se dejó llevar por la velocidad del descenso hasta ponerse paralelo a la tierra para comenzar un vuelo rasante hasta la mujer que parecía no estar armada. Eduard seguía de cerca todos sus pasos desde el piso a unos diez metros de distancia pudo ver todo. Stuart siguió al pie de la letra todas sus instrucciones: voló a diez centímetros del piso con la velocidad suficiente como para acercarse en pocos segundos y clavar el dardo, sólo que no contó con que en ese mismo momento la mujer se dio vuelta para darle una patada en el pico. Stuart salió despedido hacia atrás unos cinco metros. Justo en ese momento se me acercó Rita junto a mí.
- Teniente, presiento algo malo.
- Tranquila Rita, todavía no hay novedades, hace un rato que Eduard no se comunica.
- Sí, ya lo se, pero no es sólo eso. No quise decirle antes, pero es la primera vez que el viejo Sabio aparece en una misión y aporta datos. Y además desde su aparición usted no volvió a ser el mismo, confíe en mí Teniente.
- Es que son muchas cosas pero lo que más me preocupa es lo que me dijo. Es muy grave Rita. El Sabio me advirtió que lo que nunca antes ocurrió en una misión de un escuadrón ocurriría en la última ¿Y sabés que fue lo que nunca paso en este escuadrón?
- Nunca hubo muertes…
- Así es, y para ser sinceros, tengo un mal presentimiento respecto de Stuart.
- ¿Pero nunca nadie pudo eludir este problema?
- Hubo un solo palomo… El viejo Sabio.
En ese momento Eduard entró en acción. Mientras la anciana buscaba a Stuart para asegurarse de que estuviera muerto, encontró el dardo que estaba a unos metros y sorprendió por detrás a la mujer que sólo se limitó a gritar. Desesperado, Eduard tomo por el ala izquierda a Stuart y lo llevo hacia la mitad del camino. Se detuvo ahí y pidió ayuda por el micrófono. Rita y yo acudimos de manera inmediata.
De lejos, la escena pareció bastante más trágica de lo que resultó ser. Stuart yacía en el piso mientras Eduard capturado por la histeria de una situación que jamás había vivenciado caminaba sin parar. Pasaron unos minutos hasta que Rita al fin pudo reanimarlo. Cuando Stuart abrió los ojos, la sensación de victoria comenzó a invadirme. Volé como nunca antes, parecía tan liviano cómo una nube, mi actitud era diferente y Rita lo notaba.
Lo que vino después fue tan sólo cuestión de oficio. Primero descansamos unas horas mientras el Sargento Smith y Eduard que aún tenían los micrófonos seguían más de cerca como progresaban los dos ancianos. Después, Rita se encargó de seleccionar el sortilegio que los uniría.
Así fue como terminó nuestra misión, Rita necesito de un par de objetos que tuvimos que robar de sus casas como ropa y pelo de los ancianos; la ropa fue sencillo, el pelo costó más ya que el hombre carecía del mismo, sin embargo no era necesario para terminar. En una mañana tan común como otras, una extraña explosión lleno de humo la Villa de Merlo, no era un humo cualquiera, ya que se desplazaba cerca del piso sin tocar a nadie. El recorrido los llevó directo hasta las casas de los ancianos. Pronto la gente pudo verlos salir con una brillante mirada rumbo a la plaza del centro de la Villa.
Aún espero que vengan, han pasado unas horas desde que tomaron contacto con el humo. Sólo restan minutos para ver lograda mi victoria y la de mi escuadrón. Restan pocos minutos y mi retiro será un hecho, restan pocos minutos y seré como el Viejo Sabio.
- ¿Me llamó, Teniente?
- ¿Dónde está?
- En todos lados. Donde quiera estoy, en el momento que quiera.
- Deje que lo vea.
- ¿Para qué?
- Muy bien, no necesito verlo para contarle mi victoria, espero que esté contento por nosotros.
- Contento sí, pero todavía falta una parte…
- No, ya está todo. En minutos pasaré a la historia como usted.
- No falta algo que se debe cumplir. Recuerda ¿No?
- Eso es imposible, ya no hay riesgo alguno.
- ¿No? La misión no está cumplida aún.
- Pero eso es cuestión de minutos.
- Sí, está bien, pero la piedra disparada desde la gomera de un chico viaja mucho más rápido.
- ¿Qué…
- Le dije teniente, sólo vengo a advertir y no me escuchó.
- …
- …
- …
- …
- Pobre palomita, seguro que la agarraron los gatos de por acá pero que raro que no hayan terminado con ella.
- Es verdad. Si hubieran sido los gatos no encontraríamos ni las alas.
- Hola, me parece conocerla, sin embargo no recuerdo haberla visto antes.
- Disculpe, deje que me presente. Anuciación Argentina, pero de chica me decían Anuncia ¿Y usted cómo se llama?
- Tulio Delepiani, para servirle. Espero que no se enoje por el atrevimiento pero me gustaría invitarla a tomar algo, me gustaría saber que hay detrás de esa hermosa mirada.
- Será un placer buen hombre.
Mis sentidos parecen abandonarme de a poco, sin embargo tengo la sensación de que es la mejor manera de despedirme.
Sunday, September 24, 2006
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